A diferencia de la pardilla, la perdiz roja es más grande, tiene el dorso y el vientre rojizos, la garganta blanca y el pico y las patas rojos. En el artículo hay una breve entrevista al cocinero Adolfo Muñoz quien asevera que la mejor manera de comerla es poco hecha, que va muy bien con un vino con poca madera y que puede ser un plato delicioso si se respetan los tiempos de cocción.
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